Monday, February 05, 2007
Lo protagonizó Lorena cuando el reloj marcó 3:21 PM

Me subí en un taxi en la esquina de la calle las lomas, bajé el vidrio y le dije mi destino al chofer. Aproximadamente a los diez o quince segundos empecé a percibir un olor asfixiante a pezuña que empezó a llenarme la cabeza haciendo que sufra un ataque de pánico que duró unos cuantos minutos, me fumé la pezuña y mis pulmones seguramente la guardaron dentro de su infallable memoria, la parte sobrante se me fue directo al cerebro.
La pezuña tenía que provenir de los pies cochinos del taxista, no había otra solución, yo me conozco, yo soy una enferma con el aseo de los lugares remotos del cuerpo, como los oídos, el ombligo etc, pero muy especialmente con los pies...yo sabía entonces positivamente que esa pezuña no provenía de mis pies y ese hecho dejaba al taxista como "el gran culpable", la aturdida que me pegué fue tal que no recuerdo su cara, ni sus rasgos, ni lo que cargaba puesto, solo puedo recordar la pezuña penetrante, el hecho de que andaba en un taxi y un color grafitti en los ojos...llenándolo todo.
Pensé que con los químicos que constituían la pezuña y provenientes de su descomposición podrían tranquilamente ayudar a aquellos que están descubriendo sin descanso un arma nuclear de destrucción masiva planetaria, pensé, en un momento, cuánto tiempo me tomaría morir si continuaba expuesta a ese hedor...por un instante creí que no sobreviviría, pero aquí estoy, a salvo.
No recuerdo haber olido ese tipo de pezuña en ningún cercano, ya sea del tipo familiar o amistoso por tanto, debe ser de un tipo de pezuña difícil de encontrar, no es ese caramelo de mantequilla que resulta bastante común en los días de votación por ejemplo.
El sujeto parecía no estar muy familiarizado con el hecho de que tenía un serio problema en las patas, o sencillamente ya no gozaba de la bendición natural olfativa, (aunque a veces dudo un poco de las bondades del asunto), aún no entiendo como pudo ocurrir esto de otra manera.
Todo esto me puso a pensar en el hecho de que la pezuña de por sí es un hedor bastante íntimo, nadie debería de percibir un mal olor de ese tipo a menos que exista extrema confianza, entonces, a los niveles en que uno percibe una pezuña uno debería al menos ser capaz de reclamar, uno debería al menos ser capaz de decir por ejemplo: ECHATE ALGO EN LAS PATAS URGENTE! no como el mal olor de las axilas que se brinda descaradamente a todo el mundo, la gente desconocida, la gente que no se sube a TU taxi lo percibe, se da a todos!!! No se niega a nadie! El mal aliento al menos escoge a la gente a quien sus portadores deciden hablarle, bostezarles en la cara o sencillamente abrir el hocico a menos de dos metros, aunque a veces se sale por los poros (he olido casos serios).
Talvez todo esto sea solamente parte de la obsesión olfativa tan terrible de la que padezco pero sinceramente, dudo que se haya dado en la magnitud tan terrible como la que experimenté hoy al caer la tarde.
Se requiere más que simple mala suerte para tener una pezuña así, para tener un olor en las patas de ese grosor debes de ser cochino y eso es definitivo.
Creo que el efecto de la droga dura que inhalé ya se me fue, por tanto puedo acabar con este post con una queja para no perder la costumbre...
HABIENDO TANTO TAXI EN ESTA CIUDAD VINO A MI JUSTO A TOCARME EL DE LA PEZUÑA MAS PODEROSA QUE OLI EN TODA MI VIDA. El destino NUNCA falla conmigo!
 



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At 4:55 PM, Blogger Alice in Oz

De una Alicia a otra... Respondiendo a tu comentario... No busco blogs dark, y es lo de menos, busco mentes y personas qe utilicen sus cerebros de mejor manera que el denominador común humano; si tienes razon yo tambien perdi la esperanza en esta raza mas aún despues de descubrir la bipolaridad e hipocresia. Gracias por el comentario te visitare más a menudo.
Ahora si a tu post... Si es real como podemos compartir los olores de esa manera, creo que así haya confianza esos olores deben ser nuestros, pero en fin también dice mucho de la cultura y educacion de cada uno la manera en que cuida de su aseo personal.