
Cuando vivo no dejo huellas, floto como flotan los fantasmas de los perdidos, no existo y no hay ahora, ni ausencia, nada.
Cómo disfrutaría si supiese que ocupas un espacio, que hay algo que eres más allá de lo que huelo, algo que se queda aquí, y por un momento me permito robar tu nombre, pretender que flota en medio del aire, conmigo, y que no pesa.
El frío es gélido y el aire es denso, el recuerdo del sonido de las olas se torna mecánico y febril y las horas se quedan prendidas de mi, asfixian, marcan sus dedos en mi cuello, y luego danzan frente a mi, sobre las mismas huellas que no dejé.
Siempre seremos espejo, miradas que se cruzan y caminos que se confunden...
Auxilio! Ahora no me pierdo de nada y en el medio de esto me ahogo, pierdo la unidad, me comparto, para darme, para darte. Seré la misma, si acaso alguna vez fui alguna? No respondo más a mi nombre, ni a la diosa ni a la madre. No encuentro el sendero de vuelta al silencio.